entré y les dije -hola-. los arquerosos hijos de puta estaban en una discusión tan acalorada que no me hicieron caso. luego me acorde que eran los parientes maniquies y ellos nunca saludan. ya tenía años sin verlos. no se han hecho viejos.
me subí a mi recamara y me dí cuenta de algo terrible.
me había equivocado de casa.

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