había un olor muy particular que siempre me llegaba cuando estaba con ella, un olor que disfrutaba; un olor que me hacia salivar como el perro de pavlov. nunca se lo dije.
una buena noche, mientras leía a nichi, me volvió a llegar ese agradable aroma. olí el libro, no era. olí mi playera, tampoco. olí mi pantalón, y pues, ahí estaba el olor.
entre contradictoria y estúpida, mi cabeza empezó a tener discusiones.
soy un imbécil. me enamoré de un olor que yo mismo producía, me enoje conmigo mismo, como pude ser tan tarado de no darme cuenta antes.
pero lo más patético y triste de todo es que... me había enamorado del olor del detergente de ropa.
una buena noche, mientras leía a nichi, me volvió a llegar ese agradable aroma. olí el libro, no era. olí mi playera, tampoco. olí mi pantalón, y pues, ahí estaba el olor.
entre contradictoria y estúpida, mi cabeza empezó a tener discusiones.
soy un imbécil. me enamoré de un olor que yo mismo producía, me enoje conmigo mismo, como pude ser tan tarado de no darme cuenta antes.
pero lo más patético y triste de todo es que... me había enamorado del olor del detergente de ropa.
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