08 enero 2012


Hacer las cosas que a los demás les gustan y cumplir sus expectativas por el vano placer de recibir reconocimiento es un acto de primitiva vanidad, equivale a masturbarte el ego. Hacer cosas que solo te gustan a ti, ignorando la opinión ajena,  no solo es otro caso de vanidad, también es narcisista, es soberbio y egoísta, una chaqueta a tu falsa independencia.

Si de verdad desearas renunciar a la vanidad haría falta hacer las cosas sin sentirlas, de manera automatizada, abandonar la pasión y comportarte como un verdadero robot de carne y mierda: haciendo las cosas sin saber exactamente por qué.

El hecho ya bastante conocido: hacer las cosas sin pasión consume tu alma y destruye al ser desde su parte más interna, día a día, hasta convertirlo en un muerto viviente. La mirada se pierde al mismo tiempo que los deseos.

El ser humano, sin un método o una especie de guía, es una maquina autodestructiva. Solo una correcta formación de si misma y su alma lo puede conducir a una forma menos despreciable de existir, puesto que cuando se descubre que la vida misma no tiene sentido, se está dando el primer e irreversible paso a la prisión de la miseria.

Hace falta conocer a una persona durante una semana para conocer sus hábitos. A veces unas horas bastan. 

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