Hacer las cosas que a los demás les gustan y cumplir sus
expectativas por el vano placer de recibir reconocimiento es un acto de
primitiva vanidad, equivale a masturbarte el ego. Hacer cosas que solo te gustan
a ti, ignorando la opinión ajena, no
solo es otro caso de vanidad, también es narcisista, es soberbio y egoísta, una
chaqueta a tu falsa independencia.
Si de verdad desearas renunciar a la vanidad haría falta
hacer las cosas sin sentirlas, de manera automatizada, abandonar la pasión y
comportarte como un verdadero robot de carne y mierda: haciendo las cosas sin
saber exactamente por qué.
El hecho ya bastante conocido: hacer las cosas sin pasión
consume tu alma y destruye al ser desde su parte más interna, día a día, hasta
convertirlo en un muerto viviente. La mirada se pierde al mismo tiempo que los
deseos.
El ser humano, sin un método o una especie de guía, es una
maquina autodestructiva. Solo una correcta formación de si misma y su alma lo
puede conducir a una forma menos despreciable de existir, puesto que cuando se
descubre que la vida misma no tiene sentido, se está dando el primer e
irreversible paso a la prisión de la miseria.
Hace falta conocer a una persona durante una semana para
conocer sus hábitos. A veces unas horas bastan.
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